Grupo de Adictos al Sexo y al Amor Anónimos

Grupo de doce pasos para la recuperación de la adicción al sexo y al amor

LA LLAMA QUE NO SE APAGÓ (Historia de adicción y recuperación). 24 diciembre, 2012

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Ahora me doy cuenta de que mis padres eran padres estrictos, jóvenes e inaccesibles, producto del babyboom. Cuando era niño ellos parecían muy infelices. Mi valiente y rara vez “amable” madre, era algunas veces hostil y otras distante y depresiva. El problema de mi padre con la bebida y con el trabajo empañaron las buenas intenciones de un hombre triste. La atmósfera en casa casi siempre era tensa y llena de discusiones; sólo me sentía a salvo cuando mi abuelo venía de visita. Entonces mis padres actuaban como los padres de la televisión.

A menudo mi abuelo me llevaba de paseo y eso me encantaba. Murió cuando yo todavía estaba en el jardín de infancia y me sentí aislado, asustado y solo. En ese momento supe que si iba a crecer y llegar a ser normal, yo tendría que hacer que esto ocurriera así. Al mismo tiempo tenía una actitud protectora hacia mis padres y hacia mi hermano menor, y me sentía tan responsable como un padre adulto.

Como mi casa era tan inestable, desarrollé una gran capacidad para predecir lo que iba a pasar. Tenía una especie de radar con el cual “percibía” cuando un malentendido estaba próximo a convertirse en una terrible pelea. Me convertí en un observador de personas, por lo cual prestaba más atención a los ojos y a las acciones que a las palabras. Aprendí a ver qué ocurriría entre las personas.

Alrededor de esta época me di cuenta de que cuando le contaba a los adultos lo que realmente ocurría en mi vida y en mi casa, sus caras se tornaban serias y preocupadas. Estas miradas mi hicieron consciente de que tendría que inventar o agregar experiencias “normales” a mi infancia, de las cuales pudiera hablar en esos momentos y también cuando me convirtiera en adulto. Así que concientemente subí árboles, jugué en la Liga Infantil, me uní al coro de la iglesia y me convertí en Niño Explorador, que más tarde se llamaron los Boy Scout, para así poder ser “normal” – y más adelante salté de los trenes de mercancía, me tiré de puentes de autopista y me convertí en una persona temeraria para poder sobresalir.

Ya en el cuarto grado los chicos me llamaban “El Profesor” porque sabía mucho con respecto al sexo. Estaba realmente obsesionado. Había ido a la biblioteca y había aprendido como encontrar información al respecto. En el séptimo grado hacíamos fiestas en las que “se apagaba la luz” y aunque no eran tan “excitantes”, estas fiestas eran lo mejor que pasaba. Ocasionalmente tenía relaciones sexuales sin orgasmos con otros Boy Scout. Eran situaciones experimentales que me gustaban mucho más de lo que me gustaba reconocer. En realidad las encontraba excitantes y divertidas, y a veces eso me preocupaba.

Durante el verano del octavo grado, mi padre empezaba a estar sobrio y nos mudamos. En el nuevo pueblo empecé con el pie equivocado y nunca fui realmente aceptado. Sexual y socialmente los chicos iban mucho más lentos que los chicos que vivían en el pueblo anterior.

Había un chico que yo sabía que era homosexual. De vez cuando dormíamos juntos y teníamos relaciones sexuales. Esa fue una conexión muy fuerte para mi. Por primera vez, compartir la excitación sexual se convirtió en “un descanso” del aislamiento social que sufría en la escuela y durante las peleas de mis padres conmigo.

El verano en el que tenía quince años, fui a una convivencia de la iglesia. Mi compañero de habitación tenía barba y cuando me habló (durante la primera tarde) acerca de fumar marihuana y tener relaciones sexuales, yo le dije “yo también hago eso”. Me miró y enseguida se dio cuenta de que eso era mentira.

Pero esa tarde mientras caminaba frente a un grupo de personas, una de las chicas universitarias se acercó, me pellizcó en la mejilla y dijo: “ooh, cuando crezcas serás especial”. Descaradamente la abracé y le contesté, “Anne, ya he crecido”. Así que caminamos juntos hacia el huerto. Después de más o menos una hora de besos y abrazos preliminares, ella me preguntó dónde estaba mi habitación. Lo que pasó a continuación fue muy especial. No hubo lucha para quitarle la ropa. Esto no era flirteo. Ella sabía lo que estaba haciendo y yo aparentaba saberlo también. Hacer el amor esa tarde fue simplemente maravilloso –una situación llena de humor y cariño; mi idea juvenil de lo que significaba el cielo.

En algún momento mi compañero de habitación regresó, nos vio en la cama, se disculpó y se fue. Más tarde, cuando finalmente salimos de la cama, él nos invitó a fumar un porro con él – yo acepté. Pensé, que maravillosa combinación: ¡sexo y drogas todo en una sola noche!.

Durante esa convivencia de seis días tuve relaciones sexuales con otras dos chicas. Compré una onza de hierba y volví a casa volando entre nubes.

La primera noche en casa fui a ver a una atractiva “amiga” mía. Mientras le contaba animadamente acerca de mis recientes descubrimientos sexuales, me di cuenta de que debía callarme y besarla. Esa noche nos hicimos amantes secretos.

Durante esos siete días mi vida cambió mucho, a pesar de que continuaba siendo un marginado social. Me convertí a algo parecido a la “chica mala” del pueblo. Si alguna chica era vista conmigo se burlaban de ella. Me molestaba que en la secundaria ellas hicieran como si no me conocieran; pero al menos tenía el intenso placer sexual, que para ese entonces ya era esencial. ¡En efecto guardé muchos secretos!.

En los próximos tres años mi casa se convirtió en algo parecido a un campo de batalla; la secundaria era una tortura, y el sexo, las drogas y el alcohol (en ese orden) me daban el único alivio que tenía. Durante el siguiente año y medio que estuve en ese pueblo, alquilé una habitación que llamaba “mi piso” donde invitaba a chicas (mis padres jamás supieron de esto).

Después de graduarme de la secundaria en 1967 me fui a la universidad. A las seis semanas de estar en el campus una chica me dijo que estaba embarazada y antes del día de Acción de Gracias otra chica estaba embarazada. Sabía que considerando mi pasado yo era demasiado inestable para ser padre de ningún niño. Los abortos eran ilegales y costaban unos 750.00 dólares. Tuve que luchar para conseguir 1500.00 dólares. De alguna forma me las arreglé.

Se me ocurrió que la mejor manera de hacer dinero era vender drogas. Para Navidad ya había pagado los abortos, había dejado la Universidad y viajaba por todo el país; y me encantaba. Descubrí a las “mujeres de la gran ciudad” en Nueva York.

Ahora tenía dinero y cocaína, y todavía intentaba descubrir cómo eran los amantes en las fantasías de las mujeres para poder “convertirme” en ellos. La venta de drogas me asustaba; el dinero y las mujeres eran excitantes. Pero no le podía decir a nadie qué ERA YO REALMENTE y me sentía confuso detrás de esta fachada. El sexo era una forma de “detener el tiempo”, un lugar donde podía ir cuando el resto del mundo me agobiaba.

Lo que aprendí durante este periodo de mi vida fue que a pesar de que era sexualmente muy versátil y confiado, yo no estaba bien emocionalmente. No sabía cómo expresar mis sentimientos. Lo que hice fue sexualizar mis sentimientos. Digamos que estaba en las montañas y ver el atardecer me conmovía, luego no sabía que hacer con esas emociones. Así que cuando volvía a la ciudad expresaba estos sentimientos a través del sexo.

Más adelante ese mismo año, cuando cumplí veinte tuve la revelación de que no debería beber, tomar drogas o tener relaciones sexuales con mujeres a las que no amaba. También me di cuenta de que mi lenguaje se había deteriorado, estaba usando la “jerga de los yonkis” y lo odiaba. Así que decidir limpiarme. Durante la semana tenía un trabajo construyendo casas y durante los fines de semana escalaba en las montañas. Ocasionalmente me drogaba y bebía, volví a ser físicamente saludable y todavía veía a algunas mujeres. Durante la primavera volví a la universidad por un corto periodo de tiempo.

Me mudé hacia la parte norte de Nueva Inglaterra y dirigí un café/palacio del rock. Muchas mujeres iban y venían, así que tuve mucho sexo. Parecía como si yo fuera una variante del “macho explotador” porque tenia relaciones sexuales con muchas mujeres diferentes. Pero en el interior yo siempre era el agradecido. Actuaba más caballerosamente de lo que realmente sentía. Usualmente estaba muy desesperado.

Las personas me preguntaban frecuentemente, “Caramba, ¿como puedes tener sexo tan seguido?” nunca les dije que esto era lo más importante en mi vida. Cuando no obtenía sexo, tenía (lo que más tarde me enteré que eran) ataques de ansiedad. Pero el sexo no parecía tan importante para otras personas y el hecho de estar tan preocupado por esto me avergonzaba – mucho.

En septiembre de 1970 tomé un trabajo en una escuela privada en el sureste, trabajaba con chicos de la secundaria que estaban emocionalmente perturbados. A los cuatro días, la profesora de arte (Lee) y yo nos enamoramos locamente. Nunca antes había permitido que esto pasara, pero su hombre de fantasía se parecía mucho a la idea que tenía de mi mismo. Pensé que ella era la “mujer perfecta” y (esperaba que) ella pensaba que yo era el “hombre perfecto”. Empezó como un cuento de hadas repleto de largas y apasionadas noches de adicción a al sexo. Solía decirle “no puedo esperar a ver como termina esta película (nuestra vida)”.

Nos quedamos en esa escuela durante un tiempo y después nos mudamos a Boston. Al poco tiempo de estar allí empezaron los problemas. No sabíamos como discutir. Yo no sabía como discutir con las personas a las que amaba, aunque podía discutir con extraños y hasta tener peleas físicas con ellos. Pero cuando discutía con personas a las que quería, sólo podía ser “amable” o irme.

La mayor parte del tiempo era “monógamo”, pero aproximadamente cada seis semanas tenía relaciones sexuales con alguna otra mujer. Siempre era un “compromiso limitado” en el cual no había segundas citas. Y siempre ocurría durante “circunstancias especiales”. Nunca pensé que individualmente Lee y yo fuéramos perfectos, pero pensaba que juntos éramos la pareja perfecta, el “Amor del Siglo”.

Poco antes de la segunda Navidad que pasaríamos juntos, ella se fue a visitar a su familia durante cinco días. Estaba tan acostumbrado a tener relaciones sexuales con tanta frecuencia, que inmediatamente encontré a otra mujer con la que pasé esa noche. El problema es que no podía desengancharme de esta nueva aventura. Las cosas con Lee en realidad no eran perfectas. Alguna parte de mi vida con ella no funcionaba y esta nueva mujer llenaba esa parte.

Yo conducía un taxi, era el encargado de mantenimiento de un edificio y hacía tratos ocasionales de droga y también empecé a pagar la renta de esta otra mujer. Lee se dedicaba tiempo completo a su pintura. Y me encontraba manteniendo a Lee y a esta otra mujer para que ella también pudiera dedicar más tiempo a SU arte y a nuestra relación. ¡Así me convertí en un mecenas del arte de 22 años!. Tenía un problema, porque yo no podía trabajar doce o catorce horas por día y además visitar a esta otra mujer. Me las arreglé durante dos o tres meses y ¡casi me vuelvo loco!.

Me aterrorizaba que Lee se enterara de mi nueva novia, pero no podía dejar de verla. Mi única esperanza era mudarme. Quizás en la parte rural de Nueva Inglaterra yo aprendería a vivir sólo con Lee. Además, ¿no fue la vida de ciudad lo que había causado que bebiera y me drogara tanto?.

Lejos de las brillantes luces de la ciudad, bebía más, intentaba NO tontear, discutía con mi compañero de negocios y miraba como se evaporaban mis inversiones. Así que, otra vez, empecé a trabajar de nuevo y me convertí en supervisor de una construcción. Entonces las cosas con Lee empezaron a deteriorarse. Ella sentía que era demasiado dependiente de mi y yo sentía que yo debía ser capaz de mantenernos a los dos. Cuando me lastimé la espalda y no podía trabajar tanto, ni mantenernos, la relación simplemente se disolvió. La película había comenzado como un cuento de hadas y se terminó como una pesadilla – ella no quería volver a verme nunca más. ¿Cómo es posible que algo que empezó tan bien terminara tan amargamente?

De nuevo tuve la revelación de que debería mantenerme alejado del alcohol, de las drogas y de las mujeres –por lo menos durante seis meses, pensé. Por supuesto bebí y estuve célibe durante siete días –hasta que apareció Lynn. Estaba felizmente sorprendido de que un solo siglo pudiera contener “dos amores tan grandes y tan maravillosos”.

Sin embargo había algo diferente. Con Lee pensaba que ella era la que siempre estaba bajo mi influencia, “bajo mi ser”. Con Lynn siempre me preguntaba QUIEN era el que estaba “bajo el ser” de quien. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para mantenerla hechizada. Sólo me relajaba cuando ella estaba “realmente bajo mi ser”. Una cosa era cierta –iba a requerir mucho dinero. Volví a mudarme a Boston.

Aunque había sido celoso con Lee, ella nunca me dio una razón real para estarlo. Lynn era diferente. Ella llamaba mi atención constantemente –amenazaba con las acciones y con las palabras. No hacía nada para aplacar mis miedos. Siempre estaba preocupado de que se acostara con alguien más (lo cual nunca hizo hasta el final). Así que a pesar de que este era el “segundo amor del siglo”, en general era inestable. Como me había lastimado la espalda y necesitaba hacer dinero, me metí en el mundo de las ventas. Me di cuenta de que era un vendedor natural. Pero parecía que sólo era capaz de mantener dos de las tres partes de mi vida en balance. Si Lynn estaba feliz y yo tenía dinero, entonces no tenía vida social. Si mi trabajo iba de perlas y yo tenía una vida social, entonces Lynn se quería ir. Y otras combinaciones de éste tipo. ¡Me sentía como el pequeño holandés tapando la presa!

Además existía otro problema muy real. Mi problema con la bebida era terrible, el cual había comenzado en mi temprana adolescencia. Finalmente llegué a A.A. y poco tiempo después me di cuenta de que habría conflicto entre A.A. y Lynn. Ella se sentía tremendamente celosa de todo el tiempo que pasaba en A.A. Si no estaba en casa a las 11p.m. ella se hacía la dormida y yo tendría que despertarla con cariño para obtener mi “cuota de sexo”. Luego ella se enfadaba y decía: “¿Por qué no vas a ver a tus amigos de A.A.?

Me tomó entre seis y siete meses aprender a pedir ayuda a la manera del Tercer Paso que dice “poner mi vida y mi voluntad al cuidad de un Poder Superior”. Cuando aprendí a hacer esto, el Poder Superior se encargaba mucho mejor que yo de cualquier cosa que me pasara. Pero nunca se me ocurrió que yo podría cambiar mi vida sexual –o de hecho, ¡que no la pudiera controlar!.

Al final de mis dos primeros años en A.A. Lynn rompió nuestro trato. Estuvo toda la noche fuera con otro hombre, no se arrepintió y pensó que ella probablemente volvería a verlo. Por supuesto yo me había estado acostando con otras mujeres, pero “sólo una vez”, o sólo durante “circunstancias especiales”, a sabiendas de que si me atrapaban, Lynn se acostaría con cualquiera y me echaría una bronca. Pensaba que ella era lo mejor que había pasado en mi vida y que si ella no estaba allí conmigo yo simplemente me moriría – de verdad.

Cuando rompió nuestro trato, antes de mudarme lo pensé durante una semana. No estaba en mis cabales y pensé en el suicidio. Un amigo de A.A. me dijo, “si estás pensando en el suicidio, múdate”. Así que lo hice –me mudé sólo por hoy. Sin embargo al cabo de treinta y seis horas Lynn y yo cenábamos juntos y luego “volvíamos a casa a la gran cama”. A pesar de que deseaba verla en la cena y…, estar con ella era terrible. En otras palabras, la fantasía era increíble y la realidad era terrible. Y así había sido por mucho tiempo. ¡Sólo que nunca lo había admitido!.

Más adelante mi terapeuta me dijo que en ese entonces lo más difícil que tuvo que hacer fue ponerme en contacto con lo terrible que me sentía y de lo enojado que estaba con ella a medida que me decía a mi mismo que ¡ella era la mejor parte de mi vida!

Continué sintiéndome entusiasmado de por a verla y la experiencia continuaba siendo terrible. Así que dejaba de estar con ella y volvía a sentirme bien. Empecé a buscar mujeres por si acaso, a las cuales veía en las reuniones, hacía negocios con ellas o las conocía de alguna forma casual. Salí con muchas mujeres y empecé a hacer mis citas con otras mujeres junto con las que tenía con Lynn –tanto antes como después. Y continué pagando las cuentas de Lynn a pesar de que vivía en otra parte.

Un día me encontré a Rich. Lo había conocido en A.A., pero lo había juzgado duramente. Pensaba que había demostrado su mal gusto al asistir a una reunión de recién llegados de A.A. mientras que su esposa estaba embrazada. No había hablado con él durante un año. Así que cuando lo encontré intenté ponerme al día sobre lo que él había estado haciendo en todo ese tiempo. Para ese entonces su bebé tenía doce meses. Estaba viviendo con su esposa y todo iba bien. Le dije que a mi también las cosas me iban bien: me había separado de Lynn, estaba saliendo con muchas otras mujeres y mi nuevo trabajo era interesante. Me contó que estaba hablando con otras personas acerca de temas sexuales –considerando el sexo como una adicción– y que había reuniones de S.L.A.A. cada dos martes.

Así que al siguiente martes fui a su apartamento para asistir a la reunión. Rich era la única persona presente y habló aproximadamente durante una hora y media. Entonces yo hablé durante una hora y media. Me sugirió que manejara el problema del sexo “un día a la vez”. Le respondí: “¡olvídate de eso! Manejé el alcohol de esa manera, no he bebido en dos años y además ¡no voy a vivir sin sexo un día a la vez!. Él estaba casado y esto me parecía mucho más fácil. Pero no podía imaginarme estar soltero, teniendo a todas estas mujeres rondando y ¡no tener relaciones sexuales!.

Sin embargo me fui a casa, pensé mucho, y luego hice profundamente los pasos primero, segundo y tercero con el sexo. En los días siguientes me di cuenta de que nunca había entregado mi vida sexual a un Poder Superior. Y me di cuenta de que en realidad podía hacer eso –que era posible adaptar el concepto de un día a la vez a mi vida sexual y romántica. No un día a la vez para permanecer alejado del sexo para siempre, pero para ponerlo bajo el cuidado de mi Poder Superior. Todavía estaba preocupado con la idea de que mi Poder Superior podría olvidarse de mis necesidades sexuales y que por esto yo iba a desmoronarme y morir. ¡Y este no era un problema sencillo para mi!.

Empecé a hacer un tercer paso diariamente. En la mañana pedía ayuda y me centraba; así que obtenía una dirección de mi Poder Superior para ese día. Es cierto que Dios nunca me habló para decirme “evita a las rubias de piernas largas” o nada parecido. Lo que sí encontré durante estas meditaciones fue tranquilidad. Y al usar la tranquilidad como indicador, intenté aprender bajo que circunstancias, personas o actitudes esa tranquilidad desaparecía. Al mismo tiempo intenté darme cuenta de qué cosas podía añadir para permanecer calmado y centrado. Empecé a asistir a las reuniones regularmente. Ni siquiera me acuerdo si en esas primeras reuniones habían más personas que yo y Rich.

En esos primeros días, para mi estaba claro que no tendría que permanecer alejado del sexo para siempre y que diariamente podría pedir a mi Poder Superior que me diera a conocer su voluntad para conmigo durante ese día. Una noche después de lo que groseramente denominé una cita de “relleno”, me di cuenta de que quizás era mejor no acostarme con mujeres de A.A. con las que todavía no me había acostado o por las que no pudiera sentir amor.

La primera vez que no intenté seducir a una mujer de A.A. porque ella era alguien “a quien no imaginaba que podría llegar a amar”, llegué a casa más temprano y recibí la llamada de un amigo de A.A., un hombre. Me di cuenta de que no conocía muchos hombres.

Durante esas semanas continuaba saliendo con todas las otras categorías de mujeres. Pero siempre después de alguna experiencia o encuentro real; más adelante aprendería a limitar las categorías de contacto. Una semana incluí a “las mujeres en Massachussets a las que no me imaginaba que podría llegar a amar” Otra semana incluí a “las mujeres fuera del estado que podían ser amables pero que no podía imaginar que las llegara a amar”. Y descubrí que tan pronto dejaba ir otra categoría – eso significa que no intentaría ningún lance con ninguna mujer en una librería o en ningún otro lugar – terminaba recibiendo una llamada, yendo a un partido de los Red Sox o escuchando a algún comediante. Era divertido. Y pude mantener la sensación de tranquilidad que estaba aprendiendo a valorar.

Me di cuenta de que perdía la tranquilidad a medida de que mi impulso de seducir a mujeres tomaba parte activa en mi vida. Y me di cuenta de que podía pedir ayuda y volver a sentirme centrado –así que volvía la tranquilidad.

Hoy en día puedo comparar la tranquilidad y la sensación de estar centrado con una vela ardiendo a ritmo constante. Esa pequeña llama que me guió en el camino. Generalmente cuando yo sentía que ardía a ritmo constante, estaba sobre una buena base espiritual. Cuando la llama parpadeaba o se apagaba, me encontraba en dirección a los problemas. El proceso de detener lo que ya no funcionaba y de aprender nuevas formas para agregar cosas en las que podía trabajar fue poco conflictivo. Y créanme, ¡no dejé ir nada que todavía funcionara!.

A pesar de que cuando tenía dieciséis años el hecho de irme a la cama con alguien me producía euforia por cuatro o cinco días, para el verano del 1977 el mismo comportamiento sólo satisfacía temporalmente mi ansiedad. Tenía que salir y conocer a alguien inmediatamente. Eso me asustaba porque yo pensaba que estaba abusando de algo y me asustaba volverme impotente.

Después de asistir a las reuniones durante aproximadamente seis semanas, y de pedir diariamente a mi Poder Superior ayuda, cooperación y guía; pude darme cuenta de que mantener una relación sexual con cualquier mujer en particular era demasiado trabajo para la satisfacción que me brindaba. Entonces aparecía otra categoría – algo como “no te acuestes con mujeres durante tus viajes de trabajo entre semana” – así que renunciaba. Así que consecuentemente – categoría por categoría – empezaba a detener los comportamientos que me hacían sentir mal y que habían dejado de funcionar para mí.

Ponerme en contacto con la sensación interior de tranquilidad –lo que yo llamaba “estar centrado”– me hacía sentir muy espiritual. Así que cuando me comportaba de formas que interferían con esa sensación o que me hacían sentir mal, podía detener el comportamiento que me producía esa sensación. Eso me llevo a un patrón de acción el cual mas tarde etiqueté como “abstinencia secuencial”. No dejé todo a la vez. Sí tuve un periodo de experimentación. Y no me maltraté exigiéndome hacer todo al mismo tiempo.

Seguí el desarrollo de mi llama sobre la vela. Quiero remarcar la importancia que esto tuvo en mi recuperación. Si permanecía limpio y me sentía bien, continuaba con ese comportamiento. Si la llama parpadeaba o se apagaba, si me volvía loco o me sentía mal, detenía ese comportamiento. Y continué centrándome cada mañana y a lo largo del día.

También extendí mi conciencia hacia mis negocios. Cuando me daba cuenta de que usaba la seducción para realizar ventas, me sentía mal. Así que dejaba de sexualizar las ventas.

También empezaba a ver socialmente a más personas de A.A. y particularmente disfrutaba de ir a cenar con amigos del sexo masculino. En todo el tiempo que estuve tan ocupado con el sexo, parecía estar poco disponible para ser amigo de nadie. Y eso ahora estaba cambiando.

Durante el fin de semana del Día de Colón de 1977, fui a ver a una mujer que había conocido hacía quince meses en una convención de A.A. Esa vez nos habíamos acostado juntos, y con eso ella había terminado un periodo de nueve meses de celibato al que se había sometido, todo había terminado en un arrebato de pasión. Había decidido no volver a verla porque en ese entonces yo vivía con Lynn. Ahora que Lynn ya no formaba parte de mi vida, pensé que quizás estaría bien ir a ver a esta mujer. Fuimos a un motel y lo pasamos maravillosamente juntos. La erupción volcánica de sexo que hubo entre nosotros fue tan fuerte que simplemente me sentía como loco. Preparé todo para volver a verla, pero lo cancelé. El sexo tenía tanta fuerza que quizás pudiera apagar mi llama para siempre. Anteriormente habría hecho cualquier cosa para poder tener relaciones sexuales así de movidas. Ahora me encontraba más preocupado por mi recién encontrada paz interior.

En ese momento estaba listo para hacer cualquier cosa que mi poder superior tuviera planeada para mi –listo para rendirme a mi Poder Superior– incluyendo “no tener relaciones sexuales con nadie (para siempre si esto era necesario)”. Sí me masturbé algunas veces, pero sólo cuando me sentía bien al respecto. Incluso cuando lo sentía bien, no TENÍA que hacerlo –a pesar de que no me había impuesto grandes prohibiciones al respecto. Me sorprendió que en vez de sentir ansiedad ante la perspectiva de pasar una noche sin sexo, experimenté tranquilidad. Mi vela parecía parpadear menos y volverse más brillante; me sentía bien y tranquilo.

Una tarde de finales de octubre fui a visitar a una amiga de A.A. Ella me había pedido que la visitara porque una amiga suya (Julie), que no pertenecía a A.A., iba a pasar por su casa y quería que yo la conociera. En la mañana me centré, fui a un Baño Ruso, fui al parque durante un rato, escuché a los pájaros cantar y finalmente, después de darme cuenta de lo contento que me sentía con mi vida, fui a la casa de Susan. Había varias personas de A.A. a quienes conocía. Y allí estaba Julie: atractiva, inteligente, poderosa, interesante y se veía que definitivamente no era mujer de un solo hombre. Obviamente ella vivía su vida, enredada en su trabajo, intereses y amigos.

Bien, cuatro de nosotros salimos a dar un paseo. Cuando me enteré de que Julie tenía automóvil, sugerí que ella condujera. A pesar de que habían más personas en el asiento de atrás, Julie y yo sólo hablábamos entre nosotros. Fue un cálido, amigable e interesante paseo de una hora. Lo que no hice fue actuar como alguien diferente de mi mismo. Pude mantener esa sensación buena y centrada. No tenía que convertirme en otro para mantenerla interesada –ella ya estaba interesada por averiguar quien era yo. No tenía que convertirme en el hombre de sus fantasías secretas. Sólo permanecí en el lugar donde había aprendido a estar a través de la meditación y con otras personas de A.A. Ella se fue al final de paseo y yo le pregunté a Susan si podía darme su número de teléfono. El martes llamé a Julie y le pregunté si quería salir conmigo el viernes por la noche, y dijo que sí.

Pensaba que nuestra primera cita sería como una de esas películas de los años treinta en las que beberíamos cócteles toda la noche y bailaríamos mejilla a mejilla. Pero no fue nada parecido a la película de los años treinta. Nos sentimos raros. Sugerí que fuéramos a una cafetería que yo conocía y que nos sentáramos a hablar. Así que eso hicimos. El tiempo no se detuvo mientras hablábamos. Era divertido y agradable. La vida seguía su ritmo – una vida agradable, no un guión o una película.

Mis impulsos seguían enfocados en conseguir la película, sin embargo esa noche cuando salíamos de la cafetería empezó a llover. Empecé a llamar a un taxi para que ella no se mojara y ella sólo se rió en voz alta. Ella no conocía a nadie que tomara taxis tan frívolamente. Julie había crecido en una granja y sabía que no nos derretiríamos en la lluvia. Así que nuevamente me di cuenta de que se trataba del VIEJO impulso y de que no sentía que estaba bien. Así que caminamos bajo la lluvia.

Lo que estaba descubriendo era que yo tenía que aprender a estar con alguien. No sabía como hacerlo o que hacer en esta situación. Todos mis hábitos e impulsos estaban dirigidos a vivir en una película. Tenía que “dejar ir”, volver a tener quince años y aprender nuevos comportamientos. Descubrí que me sentía incómodo cuando no me encontraba haciendo el papel de alguna película – nervioso y tímido. Y en lugar de sentirme asustado, me sentía bien. Me sentía “limpio”.

A medida que caminábamos, le puse mi boina y la besé. En ese momento lo sentí como una cosa amigable y natural – y me sentía incómodo. No sabíamos que hacer, así que caminamos una calle antes de decir nada. Nos tomamos de la mano y me di cuenta de que no me había sentido así durante mucho tiempo. Cuando finalmente llegamos a mi automóvil, le pregunté si le gustaría venir a mi casa para comer pastel de fresas casero. Al principio ella no estaba segura pero luego confió en mi lo suficiente como para tomar el riesgo.

Fuimos a mi pequeño y amueblado piso, comimos pastel de fresas y hablamos. Hablamos acerca de los viajes, la enseñanza y acerca de viejos amigos. Hablamos del presente y hablamos muchas cosas. La mayor parte del tiempo juntos la pasamos muy relajada y placenteramente.

Cuando me di cuenta de que la noche podría terminar, me puse muy nervioso. Pedí excusas y fui al baño, pedí ayuda y me centré. Así la llama permaneció encendida. Sentía que lo que estaba pasando estaba bien –no como muchas otras experiencias que había tenido. Así que volví y le pregunté si a ella le gustaría ver el resto de mi casa. Me contuve; y no representé ningún papel de ninguna película.

Me sentí bien con el sexo que tuvimos esa noche, a pesar de que no nos conocíamos mucho. En la mañana preparé omelet de queso. Más tarde a lo largo del día cuando fuimos a su casa me sentí incómodo con sus compañeros de piso. Pero salimos a cenar esa noche y hablamos mucho más. Volví a darme cuenta de que no TENÍA que contarle inmediatamente todo de mi. Me sentía bien al decir –o no decir– lo que quisiera. Sin compulsión.

Empezamos a salir los fines de semana porque los dos teníamos trabajos que requerían mucho de nosotros durante la semana. Poco a poco nos fuimos conociendo. El sexo siempre iba de acuerdo a como iba avanzando la relación. Dependía de la relación, estaba RELACIONADO a ella y no a una imagen que alguno de los dos tuviera.

Para la Navidad cuando ella se fue a visitar a su familia, me di cuenta de que esta sería la primera Navidad desde que tenía quince años en la que ¡no tendría relaciones sexuales! Aún así, la Navidad fue bastante dramática. Uno de los estudiantes de Julie me había contagiado los piojos; tenía un resfriado que se convirtió en una gripe; sentí nauseas, vomité y tenía escalofríos. El 26 de diciembre, me multaron por conducir rápido y volví a mi apartamento sintiéndome terrible. Y el teléfono sonó. Era Lynn, preguntándome con una voz dulce y seductora “¿Cómo estas?”.

En vez de contestarle, “estoy bien”, le dije, “Bueno, a ver. Estoy enfermo, recibí una multa por conducir rápido, acabo de vomitar y ahora tú estas al otro lado del teléfono. ¿Qué quieres?” Empezó a hablar de su sobrino, del cual yo era muy cercano y de lo mucho que él me extrañaba. Finalmente me sugirió que vendría a mi casa y que ‘me arreglaría’. Le expliqué, con sumo detalle, por qué no quería que hiciera eso y le colgué. A pesar de estar enfermo, no me sentía loco y sabía que ella no iba a arreglar nada.

En febrero, Julie y yo nos fuimos juntos de vacaciones al Caribe. Era como estar de vacaciones por separado. Teníamos ideas muy diferentes acerca de lo que queríamos hacer. Yo quería conducir, ver gente, intentar aprender Español y estar activo. Julie quería sentarse a la sombra y leer. Así que hicimos cosas diferentes durante el día y luego cenábamos juntos en la noche. A pesar de que me sentía bien, estaba sorprendido de hacer esto.

Desde que conocí a Julie, nunca entré a una habitación lleno de “expectativas”. Podía esperar hasta que me sintiera cómodo y centrado. Algunas veces estaba muy confundido después de una semana de ventas y de viajes. Y sabía que no estaba lo suficientemente centrado para hacer el amor.

En la primavera –durante un viaje de negocios– conocí a una modelo en una feria que se parecía a una conejita de Playboy. Hice planes para verla esa noche. Pero a última hora la llamé para cancelar la cita. En vez de eso, después de volver a casa, me fui a ver a una mujer a la que conocía que era dueña de un restaurante Francés. Ella no estaba y terminé en una reunión de S.L.A.A. Le conté a esas personas que me había distraído y que había intentado salir con esta mujer, pero que no lo había hecho; así que imaginé que estaba “a salvo”.

Pero a la noche siguiente me encontré de vuelta en ese restaurante Francés vestido con un bonito traje. Llegué tarde y pensé que a lo mejor sería mas discreto si la esperaba en otra parte, lo cual hice. Después de mucho hablar apasionadamente, abrazarnos y besarnos, me di cuenta de que no quería que ella supiera donde yo vivía porque ¡la iba mantener como mi secreto! Y ella se sentía avergonzada de llevarme a su casa y no quería ir a un motel, a pesar de que estaba dispuesta a venir a mi apartamento.

Finalmente hicimos una cita para el siguiente Lunes por la noche, para cenar en su casa. Ella iba a preparar una maravillosa cena y entonces nosotros podríamos…–sabíamos lo que podríamos hacer. Al día siguiente, después de haber hablado con ella hasta las 4 de la mañana, me sentía exhausto y muy mal. Así que hable con Rich y me di cuenta de que no debía volver a verla. Le envié un telegrama diciendo “Lo Lamento, Imposible Reunión el Lunes”.

Julie volvió esa noche y salimos a cenar. Por supuesto le conté acerca de S.L.A.A. y eso no parecía ser un problema, siempre y cuando yo asistiera a las reuniones y pidiera ayuda. Le dije que había dejado de actuar en formas que me parecían inapropiadas, a pesar de que algunas veces todavía sentía el impulso. En fin, hablamos y nos contamos acerca de nuestra semana. Y le conté con sumo de detalle acerca de la modelo y de la mujer del restaurante Francés y lo que había estado haciendo. Ella escuchó la mayor parte, pero antes de que terminara la parte del telegrama, se fue del restaurante. Terminé mi comida e hice un intenso Tercer Paso, pedí ayuda y esperé estar haciendo lo correcto. Realmente quería que ella supiera quien era yo y de que yo sí tenía problemas con esto; y de que así era como a veces ocurría. No quería envolver de azúcar mi mensaje. Así que escondí el hecho de que al final no había dormido con la mujer. Intentaba hacerle saber como era mi mundo cuando estaba distorsionado.

Cuando finalmente salí del restaurante, ella estaba esperándome en el automóvil. Subí y hablamos. Terminé la historia, dejando muy claro que ella no tenía que hacer nada y que esta era mi dificultad.

Continuamos viéndonos. Después de habernos conocido durante nueve o diez meses, me di cuenta de que sentíamos más afecto el uno por el otro. Mucho más se expresaba sexualmente y pensé que el sexo así de bueno forzosamente tenía que ser loco y que a lo mejor yo estaba en peligro. Hablé con respecto a mis preocupaciones en las reuniones de S.L.A.A. y otras personas no pensaban que yo estuviera tan loco. Aquí estaba yo, empezando a ser sano y a sentirme tan diferente que DEBÍA estar loco.

Poco después de esto empecé a darme cuenta de que si no tenía mucho cuidado terminaría casándome con Julie. Tenía la idea de que nuestra relación iba en esa dirección. Me encontré sin fantasear pero pensando en cómo podría ser “sí”. Entonces pensaba en mis antecedentes y en el hecho de que ciertamente no conocía ningún matrimonio bueno; así que guardé silencio.

En otoño la llevé en uno de mis viajes de negocios durante cinco días. Ella fue capaz de ver lo duro que trabajaba, lo temprano que me levantaba, como hablaba sin descansar con los clientes y lo aislado y solitario de todo eso. Al final de viaje alquilamos una cabaña en Maine. Me sentí maravilloso al estar allí con ella durante unos días. Me gustó tanto esa sensación que estuve todo el camino de vuelta hablando de lo mucho que me gustaría ser soltero el resto de mi vida. Al día siguiente que regresamos a casa ella se fue a Nueva York a visitar a una amiga. Y no supe nada de ella durante una semana.

La fui a buscar el día que volvió. Entonces, no hablamos de amor o matrimonio. Muy despacio empezamos a hablar, al principio hipotéticamente: “si te casaras…” o “Cuales serían tus necesidades si te casaras…” etc. Todavía tenía muchas reservas en relación al matrimonio. Y no hablaba mucho de ello con Julie – a pesar de que lo hablaba en las reuniones de S.L.A.A. y con Rich.

Esa Navidad fuimos a las montañas y pasamos diez días en distintos hoteles de Nueva Inglaterra. Apenas llegué me enfermé y pasé gran parte del tiempo en cama. Hablamos mucho –maravillosas conversaciones acerca de la posibilidad del matrimonio. No estaba haciéndole una proposición formal, pero si hablé de lo que nos haría falta y acerca de cuáles eran nuestras expectativas dentro del matrimonio.

Uno de los temas principales eran los niños. Después de mirar mi infancia y mi vida, pensaba sólo había 5% de posibilidades de que yo quisiera tener hijos. En cambio, Julie pensaba que había un 5% de posibilidades de que ella NO quisiera tener hijos. Cada uno tenía una posibilidad del 5% para negociar y ambos teníamos un sentido muy claro en relación a nuestros sentimientos, aunque sabíamos que podía ocurrir un cambio. A pesar de todo confiábamos el uno en el otro, y yo decía que ella tenía una base más sólida para discutir que yo. Todavía me asustaba la idea de que si ella se casaba conmigo, el tiempo me quitaría la alfombra de los pies y yo me caería.

Sin embargo, seis meses después nos casamos; el matrimonio lo celebró su padre que era ministro, y la ceremonia la diseñamos nosotros mismos. La ceremonia se llevó a cabo en el centro de reuniones de los “Quaker”: no hubo personas a cada lado de la iglesia apoyando a cada uno de los casados y tampoco su padre la entregó como novia. Fue una boda muy emotiva. Mi padre lloró (¡por primera vez en su vida!) así como muchos otros. Pasamos nuestra noche de boda en el Ritz, un hotel que antes había guardado para una noche especial.

En Julio, Julie se lesionó la espalda y fue dada de baja de la oficina durante un mes. Diez días después perdí mi trabajo. Tuve la revelación de que debía ir a la universidad y dejar las ventas, pero no sabía como hacerlo. Fuimos de vacaciones al campo durante unos días. Recuerdo que sí tenía otras opciones –como la carpintería. Pero conseguí otro trabajo en ventas y seguí vendiendo.

En noviembre, mi automóvil se dañó y volví a cambiar de trabajo. El día después de nuestro primer aniversario perdí otro trabajo – un verdadero shock. Pero el mensaje y el patrón parecían claros: estaba haciendo cosas incorrectas para vivir. Cuando pedí ayuda, la dirección parecía muy clara. Así que Julie y yo hablamos al respecto y volví a la universidad. Dejé de ser el mayor proveedor de la casa y Julie continuó con su trabajo. Bajamos nuestro estándar de vida y a los treinta años volví a ser un estudiante. Tuve que empezar desde el principio como un recién llegado. Me matriculé en un programa de estudios independientes que incluía prácticas de dos semanas cada seis meses. Y funcionó muy bien para mi.

De todos modos volví a la universidad con la esperanza de que el tema de los bebés desapareciera. Por supuesto que no fue así. Julie volvió a tocar el tema. Yo le decía, “simplemente no podemos. No tenemos dinero. Con mis antecedentes, es una locura. Todos somos unos borrachos y lunáticos”. Y la escuchaba a ella decir, “tenemos que hacerlo. No existe forma de que no lo hagamos. Me moriré si no lo hacemos”. Entonces nos encontrábamos en posiciones de blanco/negro y “esto/ó” – sin ninguna negociación del tipo “y/también”.

Asistimos a varios consejeros de parejas para aprender a hablarnos sin terminar en posiciones absolutas. Me tomó aproximadamente un año cambiar mi posición en relación al tema. Entonces, en el término de dos semanas, cambié de “nunca” querer hijos a pensar “como podría funcionar”. Me di cuenta de que Julie no se sentiría completa si no tuviéramos hijos. Ese año –para Navidad– lo único que quería era un set de “erector”. En realidad no era para mi, pero era para un niño. Lo recibí – uno de los grandes al estilo antiguo. Y un día al final de esa época dije, “Si, tengamos un hijo. Pero no hoy – cuando me gradúe de la universidad”. ¡Continuaba alargando el tiempo!

Para ese entonces sabía que Julie y yo habíamos aprendido a decir cuando nos sentíamos afectuosos o enojados. Finalmente aprendí como llevar el tema –discutiendo– con personas cercanas a mi. Fui capaz de confiar en que estaba enojado y limpio al mismo tiempo. Así que la resolución de tener hijos significaba algo más que sólo tener hijos. También era un símbolo de mi habilidad para hacer que la relación funcionara sin necesidad de ser “amable” para encubrir los temas importantes y al no venderme por poca cosa.

Mucho del trabajo lo hicimos al continuar la terapia, juntos y Julie y yo por separado. Mucho del trabajo fue llevado a cabo con un viejo amigo de A.A. al cual me sentía muy cercano. Así que finalmente tenía una relación con Julie que era amorosa, llena de confianza y en la que podía trabajar –y también era capaz de desarrollar una importante amistad con Tom.

A medida que leo esta historia y pienso al respecto, lo que me parece más importante que cualquier otra cosa es lo que aprendí acerca de la llama que no se apagó. Desde mi experiencia fui capaz de darle sentido a lo que yo sentía correcto mientras experimentaba y prestaba atención a lo que funcionaba y a lo que me mantenía centrado. Poco a poco fui capaz de detener comportamientos que me volvían loco. No paré todo al mismo tiempo – sólo lentamente, con la ayudad de mi Poder Superior, y con el tiempo.

Al principio, incluso me asustaba hablar de lo que me ocurría porque no encajaba con las experiencias predominantes que compartían otros miembros en S.L.A.A. Tenía miedo que desde afuera (para otros) simplemente pareciera el mismo viejo patrón –por ejemplo, acostarme con Julie en la primera cita. Sin embargo, desde dentro, era una experiencia cualitativamente diferente. Tuve miedo de hablar durante un tiempo porque no quería arriesgarme a recibir juicios por parte de algunas personas en S.L.A.A. en ese momento.

En S.L.A.A. aprendí a seguir la llama de la vela y a dejar que brillara claramente –y a prestar atención cuando no lo hacía. Como resultado dejé de sentir mi vida como una película. Ahora siento que es MI VIDA. Ahora vivo mi vida. Solía decirle a Lee, “no puedo esperar a ver como termina esta película”. Entonces cuando nos separamos me acuerdo de haberle dicho “Supongo que ES ASÍ como termina la película”. Bueno, la película sí terminó y mi vida empezó. No intento convertirme en el hombre de las fantasías secretas de nadie. No amoldo mi comportamiento para desarrollar un papel escrito por otra persona. Puedo ser quien realmente soy y puedo estar donde realmente estoy ahora.

Gran parte de los últimos cinco años los he gastado en desarrollar las habilidades que habría tenido de no haber convertido mi vida en una película. Como dije, empecé y terminé la universidad (Cosa que no hice con ningún trabajo que tuve antes). Ahora tengo un trabajo que me gusta. Incluso, a medida que escribo esto, mi esposa y yo esperamos tener un hijo algún día. La vida es buena; muy diferente de cualquier cosa con la que antes había fantaseado, y es mi vida. La vivo agradecidamente.

Historia de adicción y recuperación (extraída del libro de A.S.A.A.).

 

One Response to “LA LLAMA QUE NO SE APAGÓ (Historia de adicción y recuperación).”

  1. q esperanzadora historia,gracias!!!


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